
La Guerra de los Mundos (War of the Worlds, 2005) es un título difícil de pasar a llevar. La misma palabra guerra atrae por sí sola. Ejemplos como "Capitán de Mar y Guerra" (Master and Commander: The Far Side of the World, 2003), "Códigos de Guerra" (Windtalkers, 2002) y el clásico basado en la novela de Tolstoi "La Guerra y la Paz"(War and Peace, 1956) demuestran el efecto magnético que tiene esta palabra a la hora de leer un libro o, precisamente, de ver una película.
Sin embargo si uno piensa en guerra tiene en mente un conflicto bélico entre hombres, a golpes o balazos, donde los rivales que se enfrentan tienen, por así decirlo, el mismo "handicap", y también un parecido razonamiento.
Lo que sucede en la guerra planteada por Wells, Welles, Haskin - y finalmente - Spielberg es de otro calibre. Es un enfrentamiento o, mejor dicho, un gran golpe ejecutado por los alienígenas contra la raza humana; un plan maestro que plantea el exterminio fulminante de todos los hombres. Simplemente, una pisotada extraterrestre sobre las "hormigas" humanas que habitan la Tierra.
Debo admitir que si no hubiera sido por el anuncio de esta realización de Spielberg, no hubiese tomado la iniciativa por mi cuenta de indagar en todas las formas que ha tomado esta "historia a lo largo de la historia". Pero eso no tiene nada de malo. Por el contrario, el cine tiene ea maravillosa cualidad de contar algo entretenido para que luego el espectador (si lo desea) investigue la parte "aburrida" del asunto.
En fin. Apenas supe de este estreno cinematográfico me preparé arduamente para llegar a la sala de cine para sentarme y disfrutarlo, con previo conocimiento de la historia, por supuesto. Primero acudí al barrio San Diego para adquirir el libro La Guerra de los Mundos de H. G. Wells. Ya cuando lo tuve en mis manos no aguanté las ganas de devorarlo por completo. Lo terminé en cuatro días. Cuatro días de apocalipsis y desesperación. En cuatro días mis ojos habían eliminado a más de la mitad de la población mundial. Pero, a pesar de la buena prosa y el detallado aniquilamiento humano descrito por Wells, el libro no llenó mis expectativas.
A pesar de tal vacío, me arriesgué y vi la película del 53 (The War of the Worlds, dir. Byron Haskin). Increíble. Fenomenal. Satisfactoria. Tenía lo que el libro no: síntesis. Muy fiel a lo que imaginé.
(Paréntesis Comparándola con la de Spielberg ésta tiene mucho más de "guerra entre mundos"; se muestra con mayor énfasis el enfrentamiento global contra el extraterrestre y no tanto una historia en particular. También, los medios informativos son tomados en cuenta. La prensa informa y especula acerca de los invasores y, mucho más importante, da ese carácter de unión mundial frente a la amenaza marciana (eso se echa de menos en la nueva). Antes de salir del paréntesis, es meritorio mencionar que en Santiago, Chile, caen dos de los cilíndros enemigos.)
Así que, con libro y película listos, me di un tiempo para descansar de los marcianos. Quedaban algunas semanas para el estreno de la nueva película y yo dejaba de lado por un rato un fenómeno que me había atrapado por mucho tiempo. Creo que, en estos casos, es necesario descansar la mente por toda esta cosa de las expectativas.
Pues. Listo. Llegó el día de estreno en Chile de La Guerra de los Mundos, edición Spielberg. Cabritas en mano entré a la sala de cine que proyectaba por primera vez una de las cinco copias de las que Cinemark disponía. Sala 8. Clásica. Cúantas habré visto ahí. Cuando me senté ya había olvidado cualquier responsabilidad que tuviera. Era yo (creo que había un amigo al lado), pantalla enfrente, y mi subconsciente sobrecargado de datos acerca de la historia. Se me hacía agua la boca, mi hiel casi reventaba., no había momento que superara ese.

Pasadas las poco más de dos horas de metraje varios rostros malhumorados salían de la sala 8. Todos balbuceaban las mismas palabras: "mala, nooo, que falsa, muy chanta, final gringo". Entre aquellas caras desabrídas se asomaba una de gesto feliz, contento, satisfecho. Esa era la mía. La Guerra de los Mundos me había gustado, y mucho. Más que el libro. No sé si más que su predecesora, pero tampoco menos. Sí. Tenía un final gringísimo. ¿Y qué? No por eso la desmerecería. Habría que ser webon para catalogar algo de malo sólo por su final.
Había mucho que decir, pero acortando, certera. Llega directo al Talón de Aquiles mundial: ser tratados como simples hormigas aplastadas, como ratones de laboratorio puestos en fila para ser sacrificados.
Para qué mencionar las maravillas de efectos especiales. Impecables. Los tripods diseñados al pie de la letra de Wells. Una atmósfera caótica digna del Terremoto de Mark Robson. Toda la técnica utilizada para realizar esta película nublaba cualquier mala interpretación, incluso la de su protagonista, Tom Cruise. Podría haber sido Crowe o Gibson en ese papel. La Guerra de los Mundos es de esas película que amoldan el actor a la historia.
Lo que el cine me acababa de mostrar era inolvidable, y digno de ser repetido.
Pero cuando la vi de nuevo, en el computador, en mi campo con mis viejos no fue lo mismo. Ahí es cuando funciona el dicho "nada como en el cine".

Era el fin. La meta había sido superada, y con creces. Era hora de cerrar el capítulo Guerra de los... Ahora tocaba otro mundo que invadir. Pero aún así no me quedé tranquilo. Y fue, con esa actitud, investigando en internet, que me topé con la adaptación de Orson Welles, esa misma que causó conmoción en Norteamérica. Esa obra del radioteatro que muchos creyeron de verdad. Esa que invadió muchas conciencias humanas haciéndolos creer lo increíble. ¡¡La Tierra sería atacada!!
Ahora mismo estoy escuchando la versión de Welles, y les juró que si hubiese vivido en el momento cuando se transmitió en directo estaría al borde del suicidio. Mal que mal se trataba de un ataque donde el malo no era el hombre, sino lo desconocido.
Suerte que fue sólo una radiotrasmisión.
La Guerra de los Mundos (Audio), CLICK AQUI
Sinopsis en www.wetuve.blogspot.com