
Ayer recordé uno de los sucesos más trágicos del siglo XXI. La caída de Las Torres Gemelas (
World Trade Center, 2006) y nada más que a manos de uno de los directores más polémicos del cine norteamericano:
Oliver Stone.
Sin embargo para mi sorpresa la película no tenía el sello trasgresor particular de Stone, sino más bien fue lo más limpio y puro que he visto de este director en años. Allá quedaron la crudeza de
Platoon, las teorías conspirativas de
JFK y la insana caricaturización de un par de asesinos en
Natural Born Killers.
Ahora Stone se dedicó a su pueblo al cien por ciento. Y lo hizo con un relato que no pudo llegar más adentro de los corazones humanos: la historia de dos rescatistas rescatados (valga la....) de las cenizas del monumental accidente, el capitán John McLoughlin (
Nicolas Cage) y su subordinado Will Jimeno (
Michael Peña).
La primera media hora cuenta cómo llegan aquellos dos policías a lo que serán los 90 minutos restantes, o sea, a quedar atrapados entre los escombros de las torres.
Comienza con cada uno saliendo de su hogar para realizar el trabajo que los sustenta; deben servirle a su país para poder servirse un plato de comida.
Lo que viene es cuento sabido. En la mañana del día 11 de Septiembre del año 2001 dos aviones de pasajeros (un United Airlines 175 y un American Airlines 11) impactaron cada una de las Torres Gemelas, y un tercero colisionó con el Pentágono.

Sobran los archivos televisivos acerca del trágico suceso, por lo que Stone debe ingeniárselas para sorprendernos con algo nuevo, innovador.
Pero no lo hace. Al contrario, cuenta lo mismo, haciendo hincapié en la emoción del momento, en el terror a la vulnerabilidad de una nación intocable.
Luego de caídas las torres empieza lo que podría llamarse el punto de vista “de piedra”
Stone proyecta imágenes de caos social como en la mayoría de sus filmes, con el fin de mostrarnos la reacción de una nación ante la invasión de su propiedad privada, ante las manos de un agente externo que les desordena su orden perfecto.
McLoughlin y Jimeno son los únicos sobrevivientes a metros a la redonda, pero sobreviven gracias a que su labia todavía no les ha abandonado (“
If you die, I die”)
Ambos entablan una conversación variada que los mantiene vivos y que les da cámara a sus respectivas cónyuges, Donna (
Maria Bello) y Allison (
Maggie Gyllenhall), quienes mantienen la esperanza de que están vivos.
Así, cada historia construye su propia torre - la familia de McLoughlin y la de Jimeno – con sus dramas e imperfecciones, pero aún así World Trade Center no logra posicionarse sobre su competencia. Me explico mejor. Justo en el momento cuando puede diferenciarse de CNN y sus derivados, Stone redunda y se limita en contar con flashbacks la historia de sus víctimas, y no se atreve a dar un paso más allá, como lo ha hecho siempre. Muy por el contrario, nos agrega un personaje carente de verosimilitud (el marine Karnes) que desliza la trama por caminos erróneos.

Creo que Stone siempre quiso hacerla así, fuera de su pauta personal, para demostrar que es un
relato gringo orgulloso de serlo, y además porque buscaba unir, que sea por dos horas, a una nación golpeada donde más les duele....en su “sueño americano”.
Los personajes principales simbolizan el espíritu unificador que caracteriza al pueblo norteamericano, de dar todo por el todo por una causa que, aunque suene imposible e ilusoria, de alguna que otra forma podrá realizarse. Que por más que les derrumben sus más majestuosas construcciones siempre saldrán adelante.
Para terminar me gustaría destacar el soundtrack de la película, a cargo del compositor
Craig Armstrong, de una gran similitud al músico de Spike Lee, Terence Blanchard. La principal melodía de World Trade Center tiene tres notas, que se repiten y repiten cada vez que la esperanza se hace presente en la vida de estos dos sujetos. Esas tres notas acompañan al filme en su totalidad.
Leyendo de nuevo el texto que acabo de redactar, me he dado cuenta de que puedo haber sonado muy cursi y chulo, pero es lo que realmente me sucedió cuando la fui a ver. Por lo menos en esta película el discurso y la palabrería gringa sirve, y mucho.
Sirve para recordar y sensibilizar. Para llorar y comprender. Y para romper tantos
“corazones de piedra” que abundan en este mundo.
Las Torres Gemelas puede no ser una buena película, pero vale la pena recordarla. La pena de 2.973 personas muertas y 24 todavía desaparecidas.