
Mar Adentro es de un Alejandro Amenábar distinto, que propone una película más ambiciosa que sus predecesoras, más profunda y debatible, que deja mucho tiempo para reflexionar acerca de lo difícil que puede tocarnos la vida. Nos presenta el otro punto de vista acerca de la existencia: el no querer vivir más; el no tener un propósito que realmente valga la pena y que justifique seguir viviendo.
Mar Adentro. Bien Adentro. Profundo. Un mar que cambia radicalmente la vida de Ramón Sampedro (un notable Javier Bardem) a través de un fatal accidente. Un mar que representa la frontera entre un marinero y un lastimero; entre un joven entusiasmado y un viejo frustrado.
“El que realmente me quiera será el que me ayude a morir”, dice Sampedro con frialdad, dejando a reflexión la pregunta ¿realmente eso lo hará feliz?, ¿considera que el suicidio asistido es una forma de “amar”? ¿tan dura ha sido la vida que ya nada se puede hacer?
El filme no idealiza en el tema de la eutanasia, y eso lo favorece porque así muestra de manera “abierta” y tolerante lo que en una sociedad pluralista se denomina la batalla entre lo moral y lo legal. Pero por el hecho de ser esta una crítica de cine no corresponde dar mi postura acerca de el tema en cuestión, así que lo dejo en paréntesis por si a ustedes blogernautas les interesara comentarlo.
El pero y lo que critico de Mar Adentro es lo siguiente:
Si Sampedro no quiere seguir viviendo...¿qué significan aquellas sensaciones y emociones que experimenta con las personas que lo rodean? Es aquí donde el espectador pierde credibilidad en el personaje. La personalidad de Ramón se caracteriza por ser una mezcla de ternura y amargura, expresada a través de una constante sonrisa acompañada de agresiones psicológicas para con sus interlocutores, y aun así crea fuertes lazos con los demás, lo que no representa a una persona derrotada por la vida que no quiere seguir viviendo. Poco a poco mientras Sampedro genera una más cercana relación con quienes lo consideran parte de sus vidas, el viaje hacia la emoción y las lágrimas que experimenta el público se aleja cada vez más. Puede que Mar Adentro no sea un filme de esos lagrimones pero sigue siendo un drama...y para tragarlo hay que creerlo.